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viernes, 16 de junio de 2023

LA PREGUNTA DE RAWSON






LA PREGUNTA DE RAWSON

 

Lo que diferencia a los seres humanos de

 los animales es la conciencia de muerte.

Los animales no la tienen.

GRACIELA PISANO

 

Hay un ritmo en todo lo que ocurre. Una S larga de la brisa entre las ramas acompaña a las voces de los niños y al silbido intermitente de una hamaca, y ahora pasa una bicicleta sobre el camino rojo de grava, y no solo un ritmo, es una especie de acuerdo ente cada parte con el todo de la plaza. Y en ese manso acuerdo, Oso, el perro viejo, duerme. Le tiemblan las mejillas y luego se le hunden. Se hunden y tiemblan, se hunden de nuevo y de nuevo tiemblan, y el viento en las ramas y los niños y la hamaca.

Los otros perros se mueven: andan, corren, saltan.

A las cinco de la tarde la chica los llama, les pone las correas, despierta a Oso con la mano. “Arriba, viejo”, dice, y el perro estira las patas, se levanta.

Van cuatro atados, Sasha y Papu siempre adelante, Oso atrás, y Rawson a su lado. Pina va suelta y es como una luna, girando alrededor y casi en el aire.

Sasha es blanco, de pelo largo y se ve idéntico a otros perros de la plaza.

Papu, en cambio, no se parece a ninguno: tiene orejas puntiagudas que se alzan a pesar de ser largas, el pelo corto y de un negro debajo del cual hay una sombra atigrada, como si lo hubieran pintado dos veces, una capa sobre otra capa, y es de una ligera desproporción de lo que está hecha su elegancia.

Rawson pasó la tarde mirando los movimientos de la plaza. Vio cómo Sasha se metía debajo de Papu, y Papu doblaba las patas y aplastaba a Sasha, que se deslizaba hacia atrás y abría la boca como si fuera a morder. Pero la dejó abierta y el gesto terminó pareciéndose a una sonrisa humana. Mirándolos, Rawson sintió que podía anticipar cada acción de ellos, aunque más no fuera de una manera mínima.

Hacen un alto en el camino de regreso, junto a un árbol, y mientras los demás olfatean la tierra y las raíces, Rawson le dice a Oso lo que estuvo pensando.

 -Usted dijo el otro día- dice Rawson- que haremos una y otra vez lo mismo.

 Oso asiente con esa lentitud de los perros pesados, y responde:

  -Seguimos haciendo lo que siempre hemos hecho.

 Marcan el árbol, la chica los espera mirando el teléfono. Papu se acerca como si fuera a ver qué pasa y también marca el árbol. Pina va y viene.

 Al llegar a la casa de Oso, la chica toca el timbre, la otra chica viene por el camino de piedra, abre la reja y el perro entra. Antes de llegar a la puerta de madera se da vuelta y le dice a Rawson:

  -Repetición, eso es todo.

 Rawson no sabe si lo que la da tristeza es la idea de una repetición eterna o el modo en el que Oso se refiere a ella.

     Al día siguiente, camino a la casa de Oso, Rawson mira a Sasha y a Papu pelear y sabe que cuando lleguen a la plaza van a jugar, porque pelear y jugar son las dos formas que tienen de estar enredados. Sigue mirándolos y se pregunta si son lo opuesto uno del otro o, en el fondo, iguales. Después apura el paso para llegar a la casa de Oso. Ahora van los cuatro adelante. Los tres tirando. Pina, desatada.

 Las chicas se saludan, Oso sale, Rawson mueve la cola.

 El tramo hasta la plaza lo hacen siempre más despacio.

Todos olfatean el árbol marcado, vuelve en a marcarlo.

 -Sí – dice Rawson-, no hacemos más que repetirnos. Lo que hacemos repite lo que hicieron otros perros, tal vez, todos.

Oso asiente y cuando llegan a la plaza dice en una voz baja y grave:

 -Como si estuviéramos hechos de memorias, o tal vez de una memoria única que las abarca a todas.

 Después se deja caer en su lugar favorito, bajo una acacia.

 Rawson se echa junto a su amigo y mira a su alrededor, olfatea el aire. Siente a los otros perros, a los humanos, los insectos cerca de sus patas y los pájaros.

  Oso se entrega a la siesta de siempre y Rawson lo acompaña, aunque no duerme.

 Llegan las cinco, como cada tarde, y la chica despierta a Oso con la mano, ata a todos y dejan la plaza. Pina da saltitos alrededor de la chica, se para en dos patas.

 Rawson camina rastreando, pero ligeramente distraído, sin que el hocico toque el piso. Piensa en todas las veces que ha hecho ese camino y que mañana va a hacerlo de nuevo, y que lo importante, los olores, no se repite. Que a veces él busca un rastro, un celo, y cuando lo busca es cuando no lo encuentra.

 Oso ya ha entrado a su casa.

     Al día siguiente, mientras las chicas conversan y ríen en la puerta de rejas, Rawson le dice a Oso que talvez el modo de salir de la repetición sea justamente intentar buscarla.

  Oso se entusiasma, alza las orejas y dice:

  -Sería un buen modo, es verdad.

   Rawson mueve la cola y repite:

   -Si intentamos repetir algo de un modo exacto, va a salir otra cosa: siempre pasa.

  La chica enrolla las correas en su muñeca y dice: “Vamos”. Hay hojas amarillas en la vereda camino a la plaza.

  Oso se echa bajo la acacia. Rawson, a su lado. Papu y Sasha juegan a pelearse.

  Rawson mira las cejas encanecidas de Oso, la parte de arriba del hocico, también blanca.

Antes de dormir, pero ya con los ojos cerrados, Oso dice:

  -Pero si intentamos repetirnos siempre, quiero decir si decidimos hacerlo, es porque podríamos no hacerlo.

 Rawson mira a oso, va a decirle algo, pero Oso ya se ha dormido y ronca suavemente.

Vino la mujer de la bolsa. Arroja migas de pan y las palomas se juntan alrededor de ella. Papu siempre corre y les ladra y la mujer se molesta, y Sasha imita a Papu y las palomas levantan vuelo, pero vuelven a bajar. A veces Rawson se suma, pero hoy no. La mujer de la bolsa está furiosa con los perros, la chica toma a Papu del collar y lo reta. Sasha baja la cabeza y mira de costado.

 Oso despierta y, después de bostezar, dice:

 -La idea de la repetición es horrible, pero es la otra la que me da temor: la de algo que no tiene fin.

 Rawson imagina un camino que no llega a la plaza, un patio sin puerta.

 Después mira a Oso: se ve cansado y tiene el rabo metido entre las patas. Rawson entonces dice:

 -No tenga miedo, amigo, debe haber una solución a esa especie de encierro.

  Oso ya está dormido. Rawson apoya la cabeza entre sus patas delanteras y suspira.

 Papu muestra los dientes y mira de reojo a Sasha, que finge morderlos. Repiten la escena invirtiendo los papeles. La chica los separa, como siempre. Agarra una rama y la tira. Los dos perros corren a buscarla.

 Rawson sabe lo que va a ocurrir y de repente piensa que eso es bueno. Levanta la cabeza, reconoce los olores, sabe que los árboles van a perder sus hojas y ya no va a haber cotorras sino oros pájaros.

 Cuando regresan marcan el árbol de siempre y dan vueltas a su alrededor. Pina salta.

  La chica de la casa de Oso abre la puerta y conversa con la de los perros. Oso saluda a Rawson y entra solo a la casa.

  Cuando la chica cierra la puerta de hierro, Rawson sigue mirando entre las rejas la otra puerta cerrada. La chica tira de la correa y lo llama.

     Al otro día Oso está un poco más animado. Es él quien inicia la conversación camino a la plaza.

  -He estado pensando – dice- en lo del encierro. Tal vez este cansancio sea una forma de alivio. Quiero decir, si no me muevo, no siento el encierro. Y usted ha visto: cada vez me muevo menos.

  Rawson se detiene y lo mira, Oso continua:

  -Esta pátina blanca que no me deja ver, tal vez sea buena.

  Rawson sigue quieto mirando a su amigo.

  La chica tironea de las correas y dice: “Vamos”.

  -Este peso que siento todo el tiempo es para que me vaya quedando cada vez más quieto.

  Rawson piensa que eso no puede ser la solución al encierro, que lo que Oso está diciendo parece aún más una forma de encierro. Mira hacia un lado y hacia otro, como intuyendo un peligro. Levanta las orejas.

  La chica mira a Oso y deja de tirar, los espera, mira el teléfono.

  Cuando llegan a la plaza, Rawson dice:

  -No se preocupe, debe haber una solución, debe haberla.

  Duermen echados uno contra otro. Ya empieza a hacer frío y juntos lo sienten menos.

  A veces los ronquidos de Oso despiertan al otro, pero los pájaros y los niños vuelven a empujarlo al sueño calmo de los perros.

 A las cinco, la chica llama a Pina y despierta a Oso con la mano. En el camino ni Rawson ni Oso hablan. Marcan el árbol. En la puerta, las chicas charlan, ellos se miran, se huelen. Oso entra solo, no se da vuelta en el camino de piedras, no dice nada. Rawson lo mira entrar a la casa y mira la puerta cerrarse.

     Al día siguiente, la chica no abre la reja y le dice a la de los perros que la señora lloró mucho. No se ríen, no se muestran los teléfonos.

 Oso no sale. Rawson salta contra la reja y tironea cuando la chica dice “Vamos”.

 Oso no sale.

 En la plaza, Rawson se echa bajo la acacia. Mira los árboles insectos, los pájaros, los otros perros y los humanos. Tiene frío y se acurruca, se enrolla sobre sí mismo. El frio no pasa. El ruido de la plaza no lo empuja al sueño, lo deja de este lado, solo.

 Después de un rato se da cuenta: Oso ha encontrado la solución, la solución a eso que lo encerraba.

 

 


(Alejandra Kamiya, La pregunta de Rawson,  del libro La paciencia del agua sobre cada piedra,  Eterna Cadencia, 2023)





Alejandra Kamiya. Nació en Buenos Aires en 1966. Se formó en los talleres literarios de Abelardo Castillo. Publicó los libros de cuentos: Los árboles caídos también son el bosque (2015),  El sol mueve la sombra de las cosas quietas (2019), La paciencia dle agua sobre cada piedra ( 2023). Recibió numeros premios.





miércoles, 14 de junio de 2023

Lecturas Compartidas – Resumen jornada del 14 de junio de 2023

 

Lecturas Compartidas – Resumen jornada del 14 de junio de 2023


No obstante el frio, se realizó esta mañana, la tradicional juntada vía Zoom, de los miércoles de Lecturas Compartidas. Comenzamos haciendo comentarios sobre el artículo relativo al síndrome de TOC que tuvo la cantante Romina Vitale y que publicamos en el Blog a iniciativa de Ileana. El puntapié inicial lo dio Ileana quien comenzó con el comentario que ella posteó, en su momento, en las redes que a continuación transcribimos:

“En este tiempo entendí y comprendí el desconocimiento y los prejuicios q atraviesan las enfermedades psiquiátricas. Lo poco q se habla de ellas, la evitación en aceptarlas. Las enfermedades psiquiátricas son las más complejas, xq no se ven y solo habitan en la cabeza de quienes las padecen, y cada enfermedad tiene sus propias particularidades. Mi hija tenía trastorno bipolar con conductas al límite, y como en este caso, empezamos diciendo "es una llorona", "es caprichosa" criterio q reforzara mi consentimiento con ella. Es difícil, muy difícil entender a una persona con trastornos de la conducta, xq nosotros pensamos desde nuestra racionalidad. A veces, los monstruos q habitan en los pensamientos de una persona enferma, el desequilibrio q termina deteriorando todo su organismo, los lleva a tomar decisiones q los familiares y gente q los ama, no podemos modificar. Impotencia, desesperación, miedo, culpa es lo q sentimos. Estoy convencida q tenemos q interiorizarnos más sobre las enfermedades psiquiátricas, hablarlas más para aceptarlas mejor, y poder hacer lo q humanamente podemos y ellos nos dejan”.

Un momento muy emotivo, por cierto. Muy conmocionante para todos.

Posteriormente cada uno dio su opinión o comentario al respecto. Se hizo mención a la enfermedad mental o el suicidio en la literatura como el caso del libro Tokio Blues, de Murakami, así como se mencionó a grandes escritores que se suicidaron, desde Leopoldo Lugones pasando por Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik, hasta Ernest Hemingway, Sylvia Plath, Virginia Wollf, de la literatura anglosajona,  por distintos motivos. Se generó un intenso debate al respecto, sobre la salud mental en Córdoba y en el país, tanto pública como privada. También se arribó a la conclusión que es necesario dialogar estos temas, debatirlos en la sociedad, en el seno de la familia, como una manera de entender mejor a personas con dicha enfermedad, avanzando así en la inclusión de las mismas.

Luego cada uno comentó sobre el libro que más le impacto lo emocionó en su vida.

Ángel hizo referencia a un autora no muy conocida pero no por ella deja de ser  muy buena su obra. Se trata del libro Jonathan Strange y el Señor Norrell, de la escritora Sussana Clarke, (con doble s) editado por  Salamandra Narrativa. Una de las novelas más brillantes y originales que han aparecido en el panorama anglosajón en los últimos tiempos. Una mezcla prodigiosa de fantasía e historia, en la que los magos conviven con personajes reales y que plantea una historia alternativa de Inglaterra. A principios del siglo XIX, las hazañas del Rey Cuervo, el más grande de todos los magos de la Edad Media, perviven en la memoria y la leyenda, pero la práctica de la magia ha sido completamente olvidada en Inglaterra. Hasta el día en que el esquivo señor Norrell, de Hurtfew Abbey, logra que las piedras de la catedral de York hablen. La noticia del retorno de la magia se extiende como la pólvora y el señor Norrell, convencido de que debe poner sus artes al servicio del gobierno en la guerra...



 

Por su lado, Alicia hizo referencia que estaba entusiasmada con el libro que estaba leyendo actualmente titulado Textos de estética taoísta, de Luis Racionero, un libro que, partiendo de una actitud crítica hacia el arte occidental contemporáneo, reúne en "Textos de estética taoísta" un conjunto de tratados y fragmentos.




Antonio, desde Río Cuarto, señalo que le impactó el cuento La noche boca arriba de Julio Cortázar, y la novela Kafka en la orilla de Aruki Murakami.

Eduardo dijo que el libro que le dio vuelta  la cabeza en su momento y por muchos años, fue Rayuela de Julio Cortázar. Otro fue América Profunda, Editorial Biblos, 1999,  un ensayo de Rodolfo Kusch, filósofo y pensador argentino, quién dedico su vida a la búsqueda de una filosofía genuinamente americana.

“Leer América profunda es tomar contacto con el gran interrogante de nuestro destino. En las páginas que abren a la dimensión no pensada de lo americano, Kusch reconstruye la máxima tensión de ese contrastre como la oposición entre el hedor y la pulcritud dos formas arquetípicas que evocan el drama existencial de las clases medias urbanas y de sus intelectuales frente a la presión de lo popular. En nuestro continente dice Kusch "por un lado están los estratos profundos de América, con su raíz mesiánica y su ira divina a flor de piel, y por el otro los progresistas occidentalizados de una antigua experiencia del ser humano. Uno está comprometido con el hedor y lleva encima el miedo al exterminio, y el otro en cambio es triunfante y pulcro y apunta a un triunfo ilimitado, aunque imposible". La lección de Kusch conjuga una incitación filosófica y un gesto vital. Su invitación a pensar América desde su propio entorno, lejos de constituir una presunción localista, significa una reivindicación del pensar mismo concebido como un acto genuino y universalizante”.


                              


Posteriormente se convino en postear a este blog el cuento La pregunta de Rawson de Alejandra Camiya, de su reciente libro  La paciencia del agua sobre cada piedra, Eterna Cadencia editora, 2023, para su comentario en la próxima juntada.

El cuento mencionado está también disponible para la escucha en el link https://www.infobae.com/podcasts/la-oreja-que-lee/2023/03/01/jorge-consiglio-lee-a-alejandra-kamiya/



Alicia a su vez nos ilustrará sobre los géneros literarios. Y eso fue todo amigos. Hasta la próxima.

Aclaramos que se extraña a Egardo y a Daniel. Los esperamos.




 

 

Primera Lectura Compartida del 2025

El jueves 3 de abril de 2025se realizo la primera juntada de Lecturas Compartidas de la Agepj.  En la misma, luego de reflexionar sobre la r...