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jueves, 9 de mayo de 2024

Biografía de León/ Hernan Tejerina

PROPUESTA DE CUENTO PARA LEER Y COMENTAR PROXIMA JUNTADA. 


BIOGRAFÍA DE LEÓN

 

León nació un rato antes que sonara el despertador. Al minuto su madre abandonó la maternidad del brazo de su padre y dos minutos después León estaba de punta en blanco en la fila izquierda de los alumnos de primero inferior.

Mientras la bandera trepaba por el mástil, a León le nacieron y cayeron los dientes de leche. Cuando una hora más tarde tocó el timbre del primer recreo, León terminó la primaria.

A las diez de la mañana promediaba el secundario, tenía acné y era más viejo que su hermano mayor. En el instante del que les hablo, pesaba 55 kilos, medía un metro setenta y la memoria lo traicionaba, en ocasiones recodaba su número de identidad y olvidaba el nombre de su escuela, en ocasiones –durante segundos- recordaba unos ojos imprecisos y olvidaba su sexo.

A las once de la mañana León perdió la virginidad y pensó en todo lo que había vivido hasta llegar a esa cama con esa mujer y su vida le agradó.

Un rato antes del mediodía comenzó a estudiar medicina y un rato después se graduó de médico. Recuperada su memoria, festejó su título con compañeros 25 años menos sanguíneos que él. Después, por primera vez, fumó un cigarro, se quedó solo y advirtió el paso del tiempo. Entonces, volvió a su casa.

El barrio había cambiado a lo largo de la mañana, pero León no lo notó, en su recuerdo sobrevivía la casa encalada de rejas negras que abandonó a las ocho menos cuarto para asistir a su primero inferior. Su madre lo abrazó largamente. Su padre había muerto.

Almorzaron. La madre le dio a León su parte de la herencia y León le obsequió su título de médico, enmarcado. Lloraron. Volvieron a abrazarse. Se despidieron.

Después del almuerzo, León entró al quirófano y operó apéndices y próstatas y labios leporinos. Salió del hospital al final de la siesta, con un par de arrugas en la frente y perdidamente enamorado de la enfermera con la que se casó dos minutos después.

A las cinco de la tarde su mujer lo había hecho padre tres veces y León aborrecía los modos y costumbres de su esposa. Al cabo de unos segundos se habían divorciado por incompatibilidad de caracteres. Durante unos instantes, León estuvo eufórico, después se sintió vacío.

A las seis menos cuarto de la tarde, a León se le cayó el primer cabello y a las seis menos diez el último. Por la misma época, uno de sus hijos dejó de quererlo y otros de visitarlo.

Las siete de la tarde encontraron a León gordo, calvo y viejo. En el instante del que les hablo, pesaba 115 kilos, media un metro setenta y cinco y no le resultaba sencillo atar los cordones de sus zapatos.

Anochecía y León continuaba melancólico. Quiso iniciar sus trámites jubilatorios pero las oficinas públicas ya habían cerrado. A las nueve de la noche encendió el segundo cigarro del día, aspiró una bocanada de humo y después otra y otra y cinco minutos después, un cáncer de pulmón acabó con él.

A las diez de la noche comenzaron a velar a León en una funeraria de la calle San Martín. Y a las diez y dos tuvieron que cerrar el féretro de urgencia, porque los retos de León, hinchados, violáceos, se descomponían. Cuatro minutos más tarde, depositaban el ataúd en un nicho municipal sin crucifijos ni nombre. Segundos más tarde nadie lo recordaba.

 

Hernán Tejerina

Del libro “Nueve cuentos naifs y una fabulita reaccionaria”

(no) Editorial




 










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